En un mundo occidental que sigue a los tumbos, por el pago de la descomunal juerga del despilfarro de los “socialismos de bienestar”, Chile, una republica perdida y colindante con el Cabo de Hornos, marca la pauta contraria, lo que aparece como casi paradójico.
El post natal se ha prolongado, las cuentas fiscales se robustecen, el 7% no se les resta de sus pensiones a los jubilados de menores ingresos, las empresas pujan por oportunidades y diversas modificaciones socio económicas complementarias, le van cambiando la faz a la nación.
Hasta ahí podríamos decir que todo marcha sobre rieles.
Pero, cuando entramos al área política, pareciera que todo lo anterior es obra de una administración diferente, de aquella que en los planos político y comunicacional ha transitado a los tumbos y hasta con varios costalazos, desde que asumiera en marzo de 2010.
Y eso se nota a las claras en las cifras.
Un Piñera que logra un ansiado 51,7% en enero de 2010, con toda la maquinaria financiera de la Concertación bregando por Frei Ruiz Tagle, y que a diciembre de 2011 tambaleaba en el 23% (CEP), es síntoma claro que las cosas políticas y comunicacionales se han hecho mal. Ahora Adimark nos dice que un 33% apoya la gestión Piñera y que un 57% la desaprueba.
Sin perjuicio de reconocer que Piñera se ha encontrado con una oposición obstruccionista, que no se resigna ni acepta, no disponer a su amaño, de las llaves de las arcas fiscales, como pudo disfrutarlo a destajo, durante exactamente 20 años.
La frase para el bronce del diputado comunista Hugo Gutiérrez, acerca de que todo lo que provenga del oficialismo él lo votará en contra, sea cual sea la naturaleza de las proposiciones “derechistas”, ahorra profundizaciones al respecto.
Por ende, si analizamos el bajón de 52% a 24%, más menos, colegimos que la caída de un 50% en la adhesión, está principalmente concentrada en un 28% del total de los electores que votaron Piñera y que se sienten completamente defraudados, con que éste privilegie la búsqueda de simpatías y adhesiones entre el 48,3% que le rechazó y no, lógicamente, entre quienes lo ungieron presidente.
Porque dicho 28% de adherentes defraudados es mucha gente, son muchas familias humildes y de clase media. Y son bastantes más, que quienes todavía respaldan a Piñera.
Entre tales familias de clase media y sectores más desprotegidos, la esperanza de un manejo firme y avasallador en contra del desbande delictivo, fue alta en enero 2010. Un combate eficiente a la narco delincuencia, es asignatura grave pendiente. Sólo un 18% cree que el gobierno lo ha hecho bien sobre seguridad ciudadana.
Incluso, si se toma el declive desde el 66% de respaldo que aproximadamente alcanzó Piñera, tras el mundialmente famoso rescate de los 33 mineros atacameños, entonces su caída a un 24% es estrepitosa. Y en poco más de un año de tiempo. E, insólitamente, reiteramos, en un esquema de casi pleno empleo.
Así llama particularmente la atención, que en La Moneda se insista con una contumacia impresentable, en la persecución de sonrisas y admoniciones, de una casta política concertacionista, profundamente desprestigiada y con una repulsa ciudadana generalizada (69% según Adimark).
El masoquismo piñerista pareciera tornarse crónico, al estar semana tras semana mirando hacia el abismo concertacionista, para rescatar desde allí alguna alabanza, que les de aire a su confuso enfoque. Cuando todo lo que se alinee aunque tímidamente hacia la izquierda, desprecia y odia desembozadamente al jefe del Estado, lo que él representa y sus círculos de apoyo.
Piñera nunca ha entendido, ni sus asesores menos, que en Chile existe un 40% de voto duro que votó y votará “en contra de la derecha”. Ahora más reforzado aun, con perlas comunicacionales de alto impacto, como “Los Archivos del Cardenal” de TVN o “Los 80s” de TV Luksic.
La prensa progre, los voceros y twitteros opositores, han insultado a Piñera del modo más soez posible, sin respuesta ni consecuencia alguna, olvidándose La Moneda con tal lenidad, que lo que está allí en juego no es solo la honra de Sebastián Piñera, sino que la legitimidad y dignidad del ejercicio y cargo de Presidente de la Republica.
En las redes sociales, RRSS, hoy los grandes barómetros de la opinión pública, la lucha ideológica y por la contingencia, se da entre la izquierda filo comunista y bacheletista y no despreciables contingentes de jóvenes pinochetistas. Pero de defensa acérrima de Piñera y su ideario, salvo algunos funcionarios gubernamentales pagados por participar en Twitter y Facebook, lo demás es insignificante.
Otro tanto ocurre con las discusiones de bares y cafés, o en las conversaciones sociales o callejeras.
Pinochet despierta pasiones encendidas. Odio o admiración exultante. Lo mismo sucede con Bachelet. Pero cuando el objeto central de la charla es Piñera, las criticas y desprecios hacen topar los extremos.
Notorio es que para Piñera son mucho más valuados los palmoteos en la espalda que de tanto en tanto le dispensan Patricio Aylwin o Ricardo Lagos, que el sentimiento colectivo de sus electores.
Y ahí es donde se revela el ADN DC del actual presidente de la republica. Él se siente a sus anchas, como uno más de la dubitativa cultura falangista, que de un evocativo autoritarismo UDI o de los nacionalistas de su propio partido Renovación Nacional.
Y por eso aunque la mona de seda se vista, mona queda.
De este modo, los círculos inconexos de la administración Piñera comienzan a cerrar.
Coligiéndose que no es casualidad que la burocracia democratacristiana en las reparticiones del Estado se haya mantenido intocada. Ejemplos claros de ello son todos los ministerios, el BancoEstado, CORFO o Aduanas. Que en TVN no hayan cambiado ni siquiera los rostros en pantalla, no obstante bajas importantes de rating. Que FONDART siga siendo la caja pagadora de toda la intelectualidad más de izquierda. Que el propio Centro Cultural Palacio de La Moneda, debajo de las oficinas de Piñera, sea un excluyente museo de inspiración zurda. Que las politizadas organizaciones gubernamentales de DDHH y ONGs zurdas, naveguen viento en popa, como si la presidente de la republica siguiera siendo doña Michelle Bachelet. Etc., etc.
Un gobierno al cual ya en muchos medios de prensa, redes sociales y vocerías le tipifican como hermafrodita, con sus indefiniciones, sus contradicciones vitales y titubeos políticos, corre el grave peligro que, de tanto retacarse y auto censurarse, termine tumbándose.
Y esto lo ha entendido muy bien el Partido Comunista y su periferia satelital. Porque saben que pasarán muchos años, antes de que nuevamente se les vuelva a presentar la oportunidad de estar confrontados con un presidente presa de sus tics y dudas, de su ausencia de carácter y falta de voluntad irreductible, para apoyar a quienes le eligieron y a quienes deben sucederle. Un presidente que el domingo rechaza reformas al sistema político vigente y que el lunes borra con el codo, lo que ayer escribió con la mano. Entonces, la nomenclatura zurda afila sus hachas de guerra, para presentar a partir de abril 2012, un frente múltiple de combate político, con asonadas callejeras por doquier. Subversión que, en una de esas, al no recibir respuestas certeras e indubitables de las autoridades llamadas a hacer respetar la constitución y las leyes, les podrían cristalizar el sueño imposible de un vacío de poder. Ausencia que acelere la rodada hacia una Asamblea Constituyente de gobierno provisional y así detonar la construcción de un socialismo chavista del siglo 21, en un país en el cual hasta hace dos años, aquello se percibía como utópico.
Con un estancado 6% de los votos, el Partido Comunista y su periferia ultra, saben que la única posibilidad que tienen de acceso al poder real, en los próximos cincuenta años, es mediante el derrocamiento civil o desplome del actual sistema institucional. El otro modo es la vía armada y sus imprevisibles y trágicas consecuencias, ya experimentadas en carne propia, durante el régimen de las FFAA y De Orden.
Por eso Camila Vallejo ha hecho su gira europea en verano chileno. Porque el Partido Comunista quiere un invierno al rojo vivo y entonces su principal icono debe reforzar fuertemente su imagen internacional, para adquirir inmune impunidad, cuando haga de cabeza para los llamados a paralización de actividades, subvertir el orden público y tomas generalizadas de liceos y universidades. Y con un gobierno que no se atrevió a aplicarle la ley a Vallejo, cuando nadie la conocía, menos debería hacerlo ahora que es una prima dona mediática.
Quien quiera revisar todos los editoriales de Despierta Chile publicados en 2010, dichos textos alertaron acerca de lo que se venía en 2011, advirtiendo del desplome severo de popularidad piñerista que habría. Pero no hay peor ciego que quien no quiere ver.
Ahora, en la placidez del verano relativamente calmo, una vez más alertamos que: o el gobierno y Piñera se alinean cerradamente con su 51,7% que les llevó a La Moneda o quizás ellos se irán antes de tiempo o en pésimas condiciones políticas en marzo de 2014.
El tiempo de las agüitas tibias, las medias tintas y de la irrealidad absurda de querer ser monedita de oro, para que todos le amen, ya fue suficiente para darse el gravoso gusto de los dos primeros años, de un cortísimo periodo de cuatro.