El criminal lanzamiento de bombas de ruido al césped del Estadio Santa Laura, por parte de una pandilla de anti sociales camuflados como “disidentes” de la barra de Universidad de Chile, cuando este equipo jugaba frente a Deportes Iquique, es otro síntoma inequívoco del desborde que ha ido logrando el lumpen, en su afán de someter a la ciudadanía.
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2011 fue prodigo y grafico en mostrarnos como el cacareado Estado de Derecho, fue sobrepasado cuantas veces así lo quisieron los violentistas.
Innumerables liceos y universidades secuestrados por minorías ocupantes, impidieron el normal desenvolvimiento de los estudiantes que sí querían progresar.
Las hordas descontroladas a su paso finalmente dejaron destrozos que cálculos conservadores, hoy estiman en más de $5.000 millones.
Y todos impunes. Muertos de la risa. Con sus máximos instigadores paseándose por la Europa invernal para pasar el platillo y narrar sus proezas revolucionarias a sus congéneres del Viejo Continente, quienes absortos les escucharon, mientras el resultado de sus despilfarros socialistas, lleva la cesantía a niveles record y sus economías tambalean al borde del abismo.
Es que la cultura del ultra garantismo, importada por los progres chilenos desde España y otras naciones europeas en crisis, en los últimos veinte años, ha calado tan profundamente en el tejido social chileno, que ya forma parte de nuestra cultura el estilo violento, grosero, agresivo, mal educado e irrespetuoso con el prójimo. Es el género de lo que se conoce como flaite o wachiturro y que antes se llamó punga o peliento.
El desborde del irrespeto para con los adultos mayores. El jarrazo de agua al profesor. El escupitajo al policía y si las circunstancias lo permiten el navajazo o el balazo. La ley del más temerario, del más brutal, para imponerse en el barrio, la asamblea o el deporte. La vuelta a las cavernas con Internet, Play Station y telefonía celular.
Y todos reclamando “sus derechos, sin cumplir deberes y cobrando indemnizaciones, “reparaciones” o falsas exoneraciones.
Masa minoritaria ultra, que copa posiciones a su amaño, como consecuencia del citado ultra garantismo, que conlleva laxitud sistémica judicial, relativismo moral desbordado, policías desafectas y desmotivadas, jueces y políticos sólo preocupados de lo que digan de ellos los medios de prensa y periodismo banalizado y amoral, hasta el punto de hacerse todo por el rating, sin medir las consecuencias sociales gravísimas, de la anomia de sus contenidos comunicacionales.
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Todas las autoridades pasmadas mirando encuestas, mientras el país real se desfonda.
Y en el contexto de lo precitado, se nos aparece el presidente que les dijo en campaña a los delincuentes, que con él en La Moneda se les “acababa la fiesta”, pero que de tanto afanarse en hacerse el pesadamente simpático con el 48,3% que votó por Frei Ruiz Tagle, ha terminado desplomándose en su popularidad, por la profunda decepción generada entre el 51,7%, que sí creyó en la mano firme y justa, que prometió Sebastián Piñera Echenique.
Y es que los complejos, dudas, cavilaciones y tics palaciegos, han impedido a Piñera y sus colaboradores materializar lo más fácil y abordable que tenían, de la enorme misión por consolidar. Lisa y llanamente entregar a los chilenos de trabajo, a la gente emprendedora, decente y honrada, un marco seguro para vivir ellos y sus familias, arrinconando en una lucha sin cuartel y sin miramientos estúpidos, al lumpen desatado y a la narco hampa soliviantada.
Con sólo eso, con los transgresores violentistas de la ley y de los derechos de la mayoría silenciosa en desbandada, la reelección de un gobierno de la Alianza, sería un trámite a cumplirse en 2013. Pero como el panorama que se vive en las calles, en el país de carne y hueso, dista significativamente de aquello, es que nos encontramos con la increíble paradoja, que una jefa del Estado que materializó la tragedia social del Transantiago y dio muestras excesivas de su ineptitud en el tsunami y terremoto de febrero de 2010, hoy sea vista como un elemento rectificador, de lo que Piñera, en materias de orden y seguridad no ha sido capaz de plasmar, más allá de los discursos e irrisorios “puntos de prensa”.
Lamentablemente, un gobierno como el de Piñera que despertó tantas esperanzas, después de 20 años de concertacionismo, porque sería la renovación y el cambio de sus antecesores, lo principal que ha perseguido ha sido, cómo parecerse del modo más cercano posible a sus antecesores.
Aserto que es tan fácil de comprobar, como cuando se cliquea el sitio web del diario La Nación, o se sintonizan TVN o su canal 24 Horas o cuando se visita cualquier entidad pública, incluso las de más confianza política, al interior del Palacio de La Moneda y se constata, que quienes allí campean a sus anchas, son los mismos que llegaron con Aylwin y se incrementaron consecutivamente con Frei Ruiz Tagle, Lagos y Bachelet. Los de los miles de exonerados truchos. Los de los desfalcos de CORFO, MOP, Mineduc, etc., etc. Los que ya se aprestan para comenzar las campañas políticas pro concertación, sin siquiera moverse de sus propios escritorios gubernamentales.
Ahora en marzo Piñera y su gobierno entran en su cuenta regresiva. Desde el 11 de marzo, paulatinamente, irán quedando cada día menos jornadas para la entrega del poder del 11 de marzo de 2014, si es que las fuerzas desatadas del lumpen violentista, no se suman masivamente a la revolución mundial del derrocamiento del capitalismo, decretada a su regreso a Chile, por la agente Camila Vallejo. Quien, finalmente acotemos, como es habitual, fue tratada con pétalos de rosa por la prensa “de derecha”, no obstante el abrazo del oso, que le prodigara el dictador Fidel Castro Ruz; al tanto que los mega empresarios, prosiguen jugando al Metrópolis, sin percibir siquiera, que les están cortando las patas de su mesa.