Es la filosofía de no pagar las cuentas. De echarle la culpa al empedrado como los cojos. De dejar para mañana lo que debo hacer hoy. De sumarme a la mayoría porque es “choro” hacerlo.
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No conformes con haber denigrado a una generación completa de jóvenes chilenos merced a su contemplativa laxitud con el consumo de drogas y alcohol, con la indecente cultura del espray grafitero emporcador de todo doquiera transiten; el progresismo imperante desde comienzos de los noventa, ahora postula la pérdida absoluta de competitividad de los profesionales chilenos, al propiciar un regalo masivo de notas para pasar el año, después de haber capeado clases a destajo.
Es la filosofía de no pagar las cuentas. De echarle la culpa al empedrado como los cojos. De dejar para mañana lo que debo hacer hoy. De sumarme a la mayoría porque es “choro” hacerlo.
Es María Música lanzándole el jarrón con agua al rostro de la ex ministra Jiménez con Bachelet callando y mirando para el lado, porque era políticamente incorrecto “reprimir” a la niña.
Y así, con esta estupidez colectiva, de la cual se hacen eco la mayoría de los medios de prensa nacionales, cuyas plumas carecen de la impronta formadora que tuvieron los grandes del periodismo chileno, cualquiera fuese su bando ideológico, nos vamos sumergiendo en el marasmo de la patota, del peñascazo, de la involución a la barbarie Molotov, con desquiciados adultos que hasta ensalzan dichas conductas ultras.
Porque una cosa es repudiar la usura bancaria o la sub alimentación de las ayudas Junaeb y otra muy distinta querer que el capeo de clases se transforme en un deporte nacional de alta convocatoria.
Y mientras tanto ese 7% vociferante disfruta de la ausencia absoluta de un autentico Estado de Derecho, donde sólo se necesitan autoridades de carácter para cumplir y hacer respetar la ley, el otro 93% se esfuerza estudiando abnegadamente, pasando noches de insomnio junto a sus deberes, no al lado de sus botellones y sicotrópicos. Pero para la prensa, para el faranduleo colectivo, para los “líderes de opinión”, los dignos de destacarse no son aquellos que trabajan y estudian, esos son “pernos”. Y por eso dichos pernos no son noticia. No son invitados a debates en el CEP, en donde sólo – al estilo estalinista – pueden “conversar” sin contrapesos Camila y los suyos. Mientras que los empresarios billonarios que están dispuestos hasta vender la soga con la cual serán ahorcados, con tal de hacer pingues negocios, suspiran en silencio. Enmudecidos. Apanicados. Sin convicciones para defender la economía de mercado que ha llevado a Chile al pináculo de América. Claro, es más cómodo meterse debajo del escritorio y así evitarse una funa comunista, que salir pecho al frente, como lo hicieron sus antecesores corajudos en los setenta.
De este modo, mientras los estudiantes chinos de cualquier condición y edad se preparan con disciplina militarizada para asumir su rol de primera potencia mundial, acá todavía babeamos con nostalgias del Paris de 1968 y la toma de la PUC de 1967.
Entonces la voluntad férrea de progreso, de vencer la pobreza y el subdesarrollo se quedan en engolados discursos, pero que en la práctica revelan un imaginario colectivo que ha sido modelado por los acólitos de Gramsci, ante la lenidad de un empresariado, de una prensa, de una derecha en su gran mayoría acomplejados y enclenques, sin siquiera capacidad para la lucha dialéctica y propagandística. En definitiva, impropios como para llamarse: líderes de opinión.