La usurpación de centenares de colegios, liceos y universidades por parte del “movimiento social” ha completado más de cinco meses.
Periodo en el cual los estudiantes movilizados (10% del total nacional) no han estudiado y han impedido por la fuerza que aquellos que sí quieren hacerlo lo hagan, aprestándose ahora todos a pasar de curso por decreto de secretaría y martingalas diversas.
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Con lo cual los currículos de universidades como la de Chile, USACH o Valparaíso, por citar algunas, tendrán una depreciación severa que el mercado en su momento cobrará. Cuando dichos jóvenes se enfrenten cara a cara con el mundo real. Con la vida adulta y responsable (de sí mismo y de los suyos) de verdad.
Las reivindicaciones preliminares del movimiento planteadas por sus líderes – incluido el desmantelamiento constitucional - correspondieron a una fotocopia del programa presidencial del candidato del Partido Comunista e Izquierda Cristiana, Jorge Arrate, quien en las pasadas presidenciales obtuvo 433.195 votos con un 6,21%.
6,21% que aunque exiguo, a la izquierda le basta para tener intimidado a todo el Poder Ejecutivo, a la TV y prensa “de derecha”, que donde puede les justifica y respalda (porque no todos los contenidos son las páginas editoriales que muy pocos leen). A una judicatura que curiosamente falla todo lo que a la zurda le complace. A un empresariado mudo y apanicado y en general, a una mayoría silenciosa que por ser tan silenciosa entonces es avasallada de plano.
Por eso una autoridad con sentido de tal, como el alcalde Labbé, aunque con algunos problemas de cómo decir las cosas, aparece como un energúmeno extemporáneo, cuando lo único que demanda es la simple vigencia del cacareado Estado de Derecho.
Y todo lo anterior, ante la lenidad de una potestad gubernamental impotente ante el desborde. Pero esencialmente celosa de ser muy políticamente correcta, en sus atildados dichos y formas cortesanas. (Por algo en su momento tuvo el descriterio de suspender el uso de gases lacrimógenos inocuos, por parte de carabineros).
Y así es como les ha ido.
De un 51,7% en enero de 2010, el costalazo ya va en un 22% (CERC, agosto 2011).
La debacle para estas páginas no es sorpresa. Quien quiera comprobarlo le bastará remontarse a nuestros vaticinios sobre la materia, de fines del pasado año, cuando se creía que la euforia por los 33 atacameños sería eterna.
Porque hemos sido majaderos en recordarle al Ejecutivo que ellos fueron elegidos para un CAMBIO sustancial con respecto a sus cuatro antecesores y no para encarnar el continuismo, cosa que se han esmerado más de la cuenta en materializar.
También hemos predicado en el desierto en cuanto a que la más formidable herramienta que tiene la política y por ende la gobernabilidad que es la propaganda, para la administración Piñera no existe.
Lo que hace La Moneda es sólo informar a la ciudadanía, de la manera más fruncida y puntillosa posible.
Pero esa asepsia no genera respaldos. No levanta los ánimos. No impulsa a salir a las calles y defender lo que se estima justo y propio. Aquello sólo pone en conocimientos hechos u opiniones. Y nada más.
Farreándose el oficialismo, de paso, la esplendida oportunidad de reclutar voluntades políticas masivas, con iniciativas como la disminución del 7% para los jubilados, el nuevo post natal, ingreso ético familiar, SERNAC financiero, etc. Las que sin propaganda pasan sin pena ni gloria o les son escamoteadas por los voceros concertacionistas.
Y así es como les va con su 22%.
Y les seguirá yendo mientras aquí no exista un cambio sustancial del manejo político y propagandístico, el cual parte por la experticia y sagacidad del mismísimo jefe de gabinete y todo el entorno de imberbes colaboradores palaciegos.
Impericia que a estas alturas, con el fracaso de los casos bomba y paquistaní, con la declarada pérdida de la guerra contra la delincuencia y con la vertiginosa caída de las simpatías ciudadanas, de los mismos que votaron cambio por un 51,7%, deja por las claras que o Piñera toma el toro por las astas o los cuernos del toro lo dejarán quizás dónde.