Él forma parte de una generación de jóvenes oficiales que de sopetón, en 1973, se vieron enfrentados a las dificilísimas circunstancias, de tener que combatir por sus propias manos, a los grupos de la ex UP y satélites, que los altos mandos militares de la época consideraron un grave peligro para la proyección y permanencia del régimen de las FFAA y De Orden.
La escandalera con ribetes de histeria desatada por la presentación de la cuarta edición de un libro en idioma español, que ya circula en inglés y ruso, publicación que cuenta con el patrocinio de la Fundación moscovita Aleksandr Solzhenitsyn, Premio Nobel de literatura 1970, nos ha permitido reflexionar acerca de valores como la tolerancia y la fraternidad entre connacionales.
La autora del libro de la polémica, "Miguel Krassnoff, preso por servir a Chile", es doña Gisela Silva Encina, nieta del insigne historiador Francisco Antonio Encina y sobrina del Cardenal Raúl Silva Henríquez, Fundador de la Vicaría de la Solidaridad.
Silva Encina ha desarrollado por años una acuciosa investigación biográfica y judicial sobre la vida del Brigadier de Ejército Miguel Krassnoff Marchenko. Hijo y nieto de cosacos asesinados por bolcheviques soviéticos.
Krassnoff Marchenko cumple desde hace años, prisión por decenas de casos de violaciones a los DDHH en el penal Cordillera.
Él forma parte de una generación de jóvenes oficiales que de sopetón, en 1973, se vieron enfrentados a las dificilísimas circunstancias, de tener que combatir por sus propias manos, a los grupos de la ex UP y satélites, que los altos mandos militares de la época consideraron un grave peligro para la proyección y permanencia del régimen de las FFAA y De Orden.
Dichos jóvenes oficiales y suboficiales en un acerado esquema de instituciones altamente jerarquizadas, obedientes, disciplinadas y no deliberantes, hubieron de cumplir trágicas misiones, en el convencimiento de que así salvaban a la Patria, como se lo representaban sus superiores y convencidos, de que lo que hacían era justo y legítimo, por lo cual siempre serían respaldados por las instituciones que desde adolescentes les reclutaron y adoctrinaron.
Ninguno de esos oficiales y suboficiales actuó por iniciativa propia, ni sin que sus acciones fueran del conocimiento y aprobadas por su cadena directa de mandos.
Por ende, como la cobardía de la clase política chilena no se atrevió a enjuiciar, ni a Pinochet ni tampoco a las instituciones que proveyeron los medios humanos, administrativos y materiales, para que los jóvenes agentes materializaran sus tareas contra insurgentes, entonces se optó por la tesis de que los culpables exclusivos eran los jóvenes.
Krassnoff Marchenko es un arquetipo de dicha generación, que por imperativo de las circunstancias vio truncadas sus vidas personales, familiares y profesionales. Varios de ellos han llegado al suicidio y otros centenares han padecido el desplome de sus hogares y familias.
Los luctuosos sucesos en que aquellos se vieron arrastrados, nunca más deben repetirse en nuestra patria.
Por eso debemos ser particularmente rigurosos y exigentes, en el cuidado de la democracia y en la neutralización de los agentes disociadores, que se solazan inoculando el odio entre chilenos y especialmente envenenando a los más jóvenes.
Porque lo que aconteció trágicamente con posterioridad a septiembre de 1973, fue consecuencia directa del odio y sectarismo recalcitrante que se esparció por Chile, desde el comienzo de la exportación Revolución Cubana en adelante.
Por lo indicado es que los familiares de las numerosas víctimas de violaciones a los DDHH, deben ser tratados y comprendidos con respeto y conmiseración sincera. Lo mismo versa para los familiares de las víctimas del terrorismo y para los jóvenes combatientes de las FFAA y De Orden, que reconocieron bandera durante el régimen militar.
Violaciones graves a los DDHH en contra de una minoría que se consideraba desestabilizadora, las hubo entre 1973 y 1989.
Eso está fuera de discusión y es innegable.
Como innegable es también, que durante los años de la Concertación, el brutal hacinamiento y los reglamentos penitenciarios, sometieron a vejaciones infra humanas a miles de presos en las cárceles chilenas.
La problemática de los DDHH, con todo lo respetable que es la misma, no apunta ni siquiera un porcentaje mínimo, en las actuales encuestas de opinión pública. No obstante, la orquesta roja de desinformación periodística, cuando se trata de abordar el tema, lo lleva a titulares y lo presenta como algo del mayor interés colectivo.
Tergiversación y manipulación mediática, de origen y factura muy burdos.
El gobierno “de derecha”, por su parte, ha emitido arbitrarias series, como “Los Archivos del Cardenal”, por TVN, co ayudando formidablemente a la formación del inconsciente colectivo, bajo un adoctrinamiento de prisma marxista. Otro tanto ha hecho Canal 13TV, con la serie “Los Ochenta”, patrocinada al amparo del grupo millonario más plutocrático del país.
Por eso llama a indignación, que un hecho nimio, de boletín municipal, secundario, como el lanzamiento de la cuarta edición del libro de la historiadora Silva Encina, haya acaparado la atención con escándalo de los medios “políticamente correctos”.
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Los mismos medios que cuando Bachelet corrió a trastabillones a homenajear al tirano Fidel Castro en La Habana, miraron para el lado, conducta que también acaeciera, con una similar postura, del ex candidato presidencial Joaquín Lavín.
Y para que decir, el silencio cómplice que hasta nuestros días, se tiene con la familia Honecker, asilada y protegida en Chile, tras haber encabezado la sangrienta dictadura del Muro de Berlín.
Finalmente, digamos que magnifico sería que los parlamentarios que así lo han anunciado, presentasen el proyecto de ley que sanciona a quienes promuevan o justifiquen la violencia política, porque – entre otros sectores – el Partido Comunista y sus organismos de fachada, con su sempiterna carga de odiosidades y rencores violentistas, quedarán neutralizados, a lo menos, en lo que a sus actividades proselitistas corresponde.
Y la juventud chilena podrá así encaminarse hacia su venturoso mañana, con más fraternidad y sin quedar engrillada en los enconos del ayer.