Una victoria importante se anotó el Gobierno, con la aprobación en el Legislativo, de la reforma que establece la inscripción obligatoria y el voto voluntario. El Senado aprobó por 25 votos a favor, 8 en contra y 3 abstenciones esta enmienda, que ahora pasa al Tribunal Constitucional para su visado. El TC sesionará, durante el mes de enero, en forma extraordinaria, para analizar la concordancia de este cambio que provocará una modificación profunda en la representación.
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La iniciativa trae aparejada una sensación de incertidumbre para partidos como la Democracia Cristiana, que trató de introducir indicaciones, como incentivos, algo ajenos al espíritu de nuestra institucionalidad. El PDC ve con temor, la inminencia de un nuevo descenso electoral. Un sentimiento que recorre, en forma general, a las colectividades del llamado "progresismo"
A modo de ejemplo, la declaración del senador Alejandro Navarro de que "los jóvenes pobres NO votan y los jóvenes ricos SI" refleja la angustia, frente a esta innovación que tendrá su estreno en los comicios municipales de octubre de 2012. Se trata de una especie de marcha blanca. Allí los partidos podrán verificar el impacto real, del aluvión de votantes que potencialmente podrían ejercer su derecho.
Es una victoria fácil de La Moneda porque, quizá por primera vez, la Concertación no detectó la llamada "letra chica" ni logró encontrar pistas de segundas intenciones. Ricardo Lagos Weber, reconoció que aún siendo él de la oposición, debía celebrar esta modificación de innegable relevancia para la República.
A la vez, este cambio consagra el derecho a NO participar. Siempre esta imposición de votar bajo fuertes sanciones pecuniarias, en caso de no concurrir a los locales y sedes eleccionarias, se pudo interpretar como un giro antidemocrático. De manera que, esto, amplía las libertades y eso, en principio es positivo. Un avance.
¿Pero por qué el Ejecutivo, se empecinó en impulsar una reforma como la que comentamos?
Hasta donde sabemos, los estudios de opinión, siempre apuntaron a un hecho inesperado. Los jóvenes, favorecían ampliamente a los partidos de la centro derecha. Un dato que sorprendió a la Concertación - de esto hace varios años -, coalición que en lo sucesivo, no insistió sobre el tema, ya que no estaba en línea con sus intereses parlamentarios.
El mejor exponente de este criterio, de conservar el status quo partidista, siempre fue la DC., partido que además, siempre dijo apoyar un cambio al sistema binominal. Pero, en los pasillos del Congreso, en la trastienda del Legislativo, siempre se opuso en la práctica a respaldar una reforma en profundidad al efecto. Es un dato de la causa y todo el mundo lo sabe en Valparaíso.
De manera que todo estaba bien para las cuentas de Palacio. Hasta allí. Porque el conflicto estudiantil, alteró la realidad y probablemente esa modificación redundará en un reacomodo en las mayorías circunstanciales.
La verdad, nadie podría anticipar cómo votarán los nuevos inscritos, mayoritariamente el sector juvenil. Y la extrema izquierda, tampoco puede sentir tanta alegría. Porque, si bien las demostraciones callejeras, de los meses recientes, destacaron por su fuerte convocatoria, no podrían los dirigentes de las mismas, reclamar, legitimamente, la representación de la totalidad, ni siquiera de la mayoría del estudiantado. Es una incógnita. Y la posibilidad de NO votar, es una realidad fuerte, ante propuestas escasamente atractivas, como las que ofrecen los partidos tradicionales.
La labor de convencimiento, para octubre, se verá doblemente dificultada, por la naturaleza de los comicios municipales. Donde miles de candidatos compiten por un asiento en los consejos de cada comuna. Donde la preferencia está marcada fuertemente por el conocimiento personal o la cercanía del votante con el candidato. La propuesta ideológica, así, se ve disminuída. Y eso es inconveniente para colectividades, que marcan su identidad con el sello ideológico. Podríamos vaticinar una amplia dispersión de votos, y la presencia de nuevos colectivos de carácter antisistema, ultras o anárquicos.
Es improbable, en consecuencia que Renovación Nacional y la UDI, sean los perjudicados. Los problemas radican más bien en el PDC y el radicalismo, cuya declinación debiera acentuarse. Para partidos como el PPD, que equidista de todo, sin representar cosa alguna en concreto, la situación no podría variar. Tampoco para tiendas como el PS marcadas por el trabajo de base y de cuadros. De modo que el centro "progresista" podría ceder terreno, al avance RN-UDI. Y si prospera la reforma al binominal o éste se perfecciona, la DC podría verse liberada de sus compromisos con la Concertación. Porque su pertenencia o su alianza con la izquierda niega sus principios. Sólo la ambición personal de su líder histórico y el sectarismo y soberbia, que caracterizaron su administración, la pusieron en esta coyuntura.