Comenzando el año político, el mismo día en que un satisfecho Sebastián Piñera recibía a Michelle Bachelet para darle cuenta de cómo le está cuidando el fundo progre; por la noche, en la inauguración del Festival Cultural Teatro a Mil, la primera dama Cecilia Morel y el Ministro de Cultura Luciano Cruz Coke, se llevaron una pifiadera zurda de proporciones.
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Los comunistas que sí toman la propaganda en serio y como una herramienta fundamental de todo quehacer político, instalaron las respectivas brigadas de abucheadores en puntos estratégicos de la Plaza de la Constitución y de allí desataron la catarsis de delirio de muchedumbre negativo.
Por cierto, las brigadas de aplaudidores para neutralizar las brigadas de abucheadores, brillaron por su ausencia. No existen.
Y no las hay porque el gobierno Piñera no cree en la propaganda. Es más. Le incomoda, la detesta como algo propio de regímenes autoritarios.
Llegándose así al estúpido absurdo de creer que habrá favoritismo en las polémicas encuestas de opinión pública, careciendo de unidades de propaganda oficial creativas, eficientes y oportunas.
La Argentina kirchnerista está equivocada. La Francia de Sarkozy también. Los EEUU de Obama son tontos. Ellos hacen propaganda y mucha. La Moneda es la que tiene la razón, pretendiendo ser querida sin siquiera pintarse los labios.
Un gobierno que no tiene un himno, una sola canción popular que lo identifique, por lo menos, no puede pretender con un presidente que posa de simpático, sin éxito, y de progre amigo de todo el mundo, sin rédito, alzarse con cifras abrumadoras de simpatías ciudadanas.
Pero las falencias presidenciales se suplirían con propaganda. De la buena. De la sorprendente. Imaginativa.
Esto en todos los países normales.
Pero como en Chile existen “genios” que creen que “las obras” hablarán por sí solas o que los puntos de prensa en el Patio de los Cañones de La Moneda son la comunicación hecha doctrina, entonces puede darse la paradoja que una Concertación que no capta ni el 20% de adhesión ciudadana, sigue marcando las pautas de prensa y el ritmo de los vaivenes políticos.
2011 le regaló al Partido Comunista un avance propagandístico formidable, merced a los criterios sobre el particular imperantes en La Moneda.
Todos los organismos culturales y educacionales estuvieron abocados a financiar y estimular la producción política izquierdista. De creaciones, difusión de principios y valores con tufillo a derecha, cero.
Cero, porque eso es políticamente incorrecto.
Una centro derecha que cree que los contenidos lúdicos de los medios (canciones, teleseries, humoristas, etc.) son neutros e inocuos, no puede pretender prolongarse en el poder.
De este modo, pueden fomentarse odiosidades pretéritas para construcción del imaginario colectivo de los más jóvenes, con obras de alta penetración sicológica como “Los Archivos del Cardenal” de la ¿oficialista? TVN o “Los 80s” del canal propiedad del grupo económico más rico de Chile.
Los medios de prensa de “derecha” que son propiedad de grupos empresariales vinculados al ideario de libre mercado, son editados y redactados por periodistas, columnistas o reporteros de indisimuladas simpatías con la revolución castro comunista y el chavismo. Formados y adoctrinados especialmente en la generalidad de las escuelas de comunicaciones y periodismo existentes en el país. No obstante, se repite como mantra aquello de “la prensa de derecha”.
Y mientras tanto, el gran capital plutocrático se desvive por ser los muertos más ricos del cementerio. Gastando tiempo y recursos en boberías sin mayor trasfondo ideológico, excepto que legar parte de sus fortunas a congregaciones religiosas, para comprar boletos non stop al cielo.
La masa quiere esperanzas, acogimiento, sonrisas. La muchedumbre habitualmente, a menos que esté hambreada, se mueve por sentimientos no por cifras ni estadísticas ingenieriles.
Fueron los medios de la “prensa de derecha” los que llevaron a Bachelet a La Moneda con fotos arriba de un blindado Mowag o tocando bossa novas con su guitarra en TV. Es esa misma gran prensa la que ahora se desvive haciéndole campaña sin tocarle ni con el pétalo de una rosa, para posicionarle nuevamente el 2014 en la presidencia.
O acaso ¿no fue la gran prensa “de derecha”, la que durante meses pasmada catapultó a su fama internacional a la telegénica activista comunista Camila Vallejo?
Por eso ni el gobierno ni los mega empresarios que se dicen partidarios del mismo, tienen futuro ni vuelta alguna, mientras no tomen en serio la propaganda, la cultura, las comunicaciones, el adoctrinamiento.
Y porque además, al frente tienen una organización solida comunista. De partido de cuadros. No de señoritos que “se sacrifican” ganando millones en el servicio público. De una nomenclatura internacionalista de desinformación y contra propaganda que actúa orquestadamente, siguiendo reglas de propaganda esenciales como la identificación del enemigo único, el bluff, la propaganda negra o la propia orquestación.
Contando el gobierno de Piñera con vastos recursos, todavía con bastante tiempo y con todo aquello de gran plus que conlleva ser mandamás, pudiera acontecer que en un abrir y cerrar de ojos veamos nuevamente la sonrisa Bachelet saludar desde los balcones presidenciales y a políticos y empresarios “de derecha”, lamentándose sobre la leche derramada por ellos mismos.