Miércoles, 11 de enero de 2012

REVOLUCIONARIAS MEDIDAS

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DespiertaChile

Las encuestas y sondeos de opinión, coinciden en el descrédito de la democracia como sistema. Las personas desconfían de los políticos. Porque se eternizan en el poder y en los cargos de representación popular. Los partidos aparecen como las instituciones menos creíbles y las más desprestigiadas.

[Img #2826]

No es un fenómeno de reciente aparición en Chile. El repudio a la clase política y al partidismo como elemento ajeno a la unidad nacional, data de antiguo. Y ni siquiera es propio de nuestro país. Es algo bastante general.

 

Hasta la instalación de la República Parlamentaria, inicios del siglo XX, en Chile los diputados y senadores NO recibían remuneración por sus labores. Y desempeñaban sus altas y delicadas funciones, sólo por amor a la Patria y para satisfacer su espíritu de servicio. Otra época.

 

En 1924-25, ocurre un Pronunciamiento Militar. Los congresales, en lugar de tramitar el correspondiente aumento a los sueldos de los uniformados y funcionarios fiscales, optaron por aumentar sus dietas, con enorme escándalo ciudadano. El Ejército, por esta y otras razones de similar importancia, como la cuestión social, por ejemplo, intervino, para poner atajo a esta corruptela.

 

Pero olvidados aquellos tiempos, el Congreso, ya repuesto en Valparaíso, repite la misma danza. Y se cursan, a sí mismos, aumentos en sus dietas y gastos de representación, para ellos y para ex presidentes, con una soltura que constituye una burla y un agravio para el chileno de a pié.

 

Todos. Partidos, diputados y senadores, se asombran por el distanciamiento con el cual las personas contemplan su labor. Porque además hay otro vicio.  Es prácticamente imposible que, un independiente, sea elegido. El sistema lo impide. Pero exhibe otra práctica inmoral, a mi juicio. Los parlamentarios designados y los parlamentarios vitalicios.

 

Designados, sin competencia interna y sin que alguien pueda desafiarlos porque van en lista única. Vitalicios. Porque una vez ocupando su escaño, nada ni nadie los mueve. En Valparaíso, hay diputados que se han reelegido, ininterrumpidamente ¡¡desde 1989, hasta hoy!!

 

Esto debe terminar. Y la fórmula es tan simple como la tabla del 1. ¿qué proponemos? Una reforma constitucional verdadera. Veamos este proyecto ciudadano:

 

 

 

 

1.- El parlamentario NO podrá servir más de dos períodos, quedándole prohibido postular para cargos de representación popular, posteriormente.

 

2.- Revocatoria. Posibilidad de que, por una vez, en el período los sufragantes del distrito o circunscripción, con razón fundada, puedan cesarlo en sus funciones mediante plebiscito local.

 

3.- Le estará vedado, aumentarse a sí mismo el salario, dieta o gasto de representación.

 

4.- Los representantes populares, cumplirán idénticas obligaciones que sus representados. Y será causal de despido fulminante, el no cumplimiento de  la ley. Esta norma podría llamarse "ley Girardi", en reconocimiento a sus notables aportes en esta materia de desigualdad ante la ley.

 

5.- Todos los congresistas, aportarán de su bolsillo, los aportes previsionales, enterando en la AFP, su cotización mensual. Lo mismo será válido para el sistema de salud. Podrán ingresar a las ISAPRES como cualquier hijo de vecino. O si lo prefieren en FONASA, dada su inclinación a las "prestaciones" estatales. Cada uno paga su plan. O cada uno mata su toro. Para garantizar el cumplimiento y las igualdades, podrán tomar seguros de salud. Pero transparentados en la respectiva declaración jurada de bienes y otros.

 

6.- Concordante con los artículos anteriores, no se consultará que un parlamentario jubile por el hecho de ser tal. Sólo se considerarán para su pensión de retiro, los aportes al sistema de seguridad social, común a los ciudadanos chilenos. En consecuencia, se estimará contrario al bien público, cualquier perseguidora, grande, chica o mediana. Y su observancia será considerada como una seria contribución patria.

 

7.- El servicio público es un honor y un sacrificio por la patria. En consecuencia, quienes lo deseen, quedan en libertad de renunciar a sus dietas, sueldos extra y gastitos de representación, y podrán gozar de la facultad de destinar esos dineros ociosos, en beneficio de alguna obra de beneficencia. Y no de alguna ONG al cuete, o financiar a  la patota del partido. Eso quedará estrictamente prohibido.

 

 

8.- No tendrán fuero. Ni guardias, escoltas policiales,  personales o PPI. No podrán operar como ministros de fe. En particular para calificar casos dudosos de exonerados. Y además, cuidarán su presentación. Quedan impedidos de usar mochilas, bolsos, barbas descuidadas o melenas que pudieran inducir a confusión. En esta materia, para honrar, a quien causó una mayúscula confusión a los ministros árabes,  pasando verguenza en el extranjero, la norma podría quedar como "ley Navarro" o "de la relatividad de las cosas"

 

Como se trata de una proposición que va al fondo de nuestros problemas, en capítulos posteriores, procuraremos formular ideas para "perfeccionar" el Notariado, el poder Judicial, la Contraloría que esquiva el bulto y otras instituciones republicanas. Con otros poderes no. Porque esas instituciones funcionan, algo sesgadas pero operan. ¿O no?

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1 Comentario
Juan M. Guzman
Fecha: Jueves, 12 de enero de 2012 a las 15:21
La labor parlamentaria debería ser casi voluntaria, ellos trabajan para nosotros, nosotros deberíamos decidir su sueldo, no ellos mismos. Un par de sueldos mínimos es lo que deberían tener
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